JOSÉ SÁNCHEZ-COVISA Y SÁNCHEZ-COVISA (1881–1944)
El discípulo de Azúa que consolidó la gran escuela madrileña de Dermatología
El maestro que llevó la Dermatología española desde su fundación institucional hasta su primera modernidad científica
José Eugenio de Olavide había ayudado a demostrar que la Dermatología podía constituir en España una disciplina médica propia.
Juan de Azúa había dado el siguiente paso:
hospital,
cátedra,
sociedad científica
y revista.
Pero una escuela médica necesita algo más.
Necesita continuidad.
Alguien capaz de recibir lo construido por la generación anterior, desarrollarlo y transmitirlo a la siguiente.
En la Dermatología española del primer tercio del siglo XX, esa figura fue:
José Sánchez-Covisa.
Discípulo directo de Juan de Azúa, Sánchez-Covisa participó siendo todavía joven en la fundación de la Sociedad Española de Dermatología y Sifiliografía y de Actas Dermo-Sifiliográficas.
Después sucedió a su maestro en la clínica y en la universidad.
Y alrededor de él se formaría una generación en la que aparecerían nombres fundamentales de la Dermatología española del siglo XX:
Julio Bejarano,
José Gay Prieto,
José Gómez Orbaneja
y otros discípulos que prolongarían la escuela madrileña durante décadas.
Su trayectoria constituye así uno de los grandes puentes generacionales de nuestra especialidad.
Olavide → Azúa → Sánchez-Covisa → nueva Dermatología española.
🌟 1. Formación y trayectoria: de la Medicina Interna a la escuela de Azúa
José Sánchez-Covisa y Sánchez-Covisa nació en Huete, Cuenca, el 28 de junio de 1881.
Estudió Medicina en la Facultad de Medicina de Madrid.
Durante su formación fue alumno interno por oposición tanto de la Facultad como de la Beneficencia Provincial.
Pero hay un detalle especialmente importante para comprender posteriormente su manera de ejercer la Dermatología.
Su primera formación importante fue en:
Medicina Interna.
Trabajó en la Cátedra de Patología y Clínica Médicas dirigida por Manuel Alonso Sañudo.
Sánchez-Covisa consideraría posteriormente a dos médicos como sus grandes maestros:
Alonso Sañudo
y Juan de Azúa.
Obtuvo el doctorado en 1904 con una tesis sobre la clorosis y en 1906 fue nombrado ayudante de clínica del Hospital de San Carlos.
Su llegada definitiva a Dermatología se produjo en 1908.
Ese año ingresó por oposición en el cuerpo médico de la Beneficencia Provincial y fue destinado al:
Hospital de San Juan de Dios de Madrid
al servicio dirigido por:
Juan de Azúa.
Allí se formaría como dermatólogo.
Pero también ocurriría algo mucho mayor.
🏥 2. 1908: entrar en el laboratorio donde estaba naciendo la Dermatología española moderna
Cuando Sánchez-Covisa llegó a San Juan de Dios, Azúa llevaba ya décadas construyendo una auténtica escuela dermatológica.
El hospital reunía una combinación excepcional:
enorme volumen de pacientes,
Dermatología clínica,
Venereología,
docencia,
anatomía patológica
y discusión sistemática de casos.
En 1908 llegaron al entorno de Azúa dos médicos jóvenes que desempeñarían un papel especialmente importante:
José Sánchez-Covisa
y Enrique Álvarez Sáinz de Aja.
La combinación de la experiencia de Azúa con la energía de aquella generación joven sería decisiva.
Porque apenas un año después ocurrirían dos acontecimientos fundamentales.
En 1909 nacerían:
la Sociedad Española de Dermatología y Sifiliografía
y
***Actas Dermo-Sifiliográficas*.**
Sánchez-Covisa estaba allí desde el principio.
No llegó después a una institución ya construida.
Participó en su nacimiento.
🏛️ 3. 1909: construir una comunidad dermatológica junto a Azúa
La primera sesión de la Sociedad Española de Dermatología y Sifiliografía tuvo lugar el 6 de mayo de 1909.
Juan de Azúa era su presidente.
José Sánchez-Covisa ocupó un puesto fundamental:
secretario general.
Los primeros reglamentos de la Sociedad, fechados apenas cuatro días después de aquella sesión inaugural, aparecen firmados por Sánchez-Covisa como secretario general con el visto bueno de Azúa.
Su papel se extendió también a la nueva revista.
En las primeras portadas de Actas Dermo-Sifiliográficas figuraban:
Juan de Azúa — director
José Sánchez-Covisa — secretario de redacción
Miguel Serrano — administrador.
Esto permite entender mejor su posición histórica.
Sánchez-Covisa no fue simplemente:
el sucesor de Azúa.
Antes había sido uno de sus principales colaboradores en la fase fundacional de la Dermatología organizada española.
Participó en la creación de las herramientas que permitirían que la especialidad tuviera:
reuniones científicas,
discusión colectiva,
publicación estable
y continuidad institucional.
Décadas después ocuparía además la presidencia de la propia Academia Española de Dermatología en dos ocasiones.
🎓 4. Suceder al maestro: San Juan de Dios y la Cátedra de Madrid
Juan de Azúa murió en 1922.
Para la escuela madrileña aquello significaba mucho más que perder a un profesor.
Desaparecía el hombre alrededor del cual se había organizado buena parte de la Dermatología española durante décadas.
La pregunta era inevitable:
¿podría sobrevivir la escuela a su fundador?
Sánchez-Covisa fue una de las respuestas.
En 1922 obtuvo la plaza de Profesor de Número tras la muerte de Azúa.
Y en 1926 ganó por oposición la:
Cátedra de Dermatología y Sifilografía de la Facultad de Medicina de Madrid
sucediendo académicamente a su maestro.
La Universidad Complutense lo identifica además como el primer catedrático de Dermatología obtenido por oposición en España.
Fue también director del Hospital de San Juan de Dios y posteriormente decano de la Facultad de Medicina de Madrid entre 1933 y 1934.
La continuidad quedaba asegurada.
Azúa había creado una escuela.
Sánchez-Covisa consiguió que esa escuela:
no terminara con Azúa.
🔬 5. Una Dermatología cada vez más clínica, etiológica y experimental
Sánchez-Covisa perteneció a una generación situada en una frontera fascinante.
Había aprendido una Dermatología todavía profundamente morfológica.
Pero vivió la aparición de:
microbiología,
serología,
histopatología moderna,
experimentación,
nuevos tratamientos antiinfecciosos
y una comprensión progresivamente etiopatogénica de las dermatosis.
Su producción científica refleja exactamente esa transición.
Trabajó sobre:
sífilis,
lepra,
piodermitis,
linfogranuloma venéreo,
urticaria por frío,
enfermedad de Schamberg,
poiquilodermias,
fototerapia
y cáncer cutáneo.
Una de sus contribuciones históricas más interesantes fue realizada junto a Julio Bejarano.
Describieron el cuadro denominado:
piodermitis crónicas
que posteriormente ha sido interpretado como una descripción temprana del cuadro que terminaría reconociéndose como queratoacantoma.
También describió las:
piodermitis genitales chancriformes de la primera infancia
y realizó junto con José Gay Prieto estudios experimentales sobre la transmisión de lesiones del entonces denominado:
linfogranuloma inguinal subagudo o enfermedad de Nicolas-Favre.
Sánchez-Covisa no quedó por tanto limitado al papel institucional o docente.
Era también un dermatólogo clínico que intentaba entender:
qué era una enfermedad,
qué la producía
y cómo podía demostrarse.
🦠 6. Sífilis y lepra: cuando el dermatólogo era también médico de salud pública
La Dermatología de Sánchez-Covisa resulta imposible de comprender desde la perspectiva actual sin recordar que durante buena parte de su vida profesional:
Dermatología y Venereología formaban prácticamente una misma especialidad.
La sífilis constituía uno de los principales problemas médicos de Europa.
Sánchez-Covisa estudió ampliamente la enfermedad y ensayó diferentes estrategias terapéuticas, incluyendo tratamientos con:
bismuto
y otros tratamientos disponibles antes de la era de la penicilina.
Pero probablemente fue la:
lepra
la enfermedad en la que su visión médica alcanzó una dimensión más amplia.
En 1928 ingresó como académico de número en la Real Academia de Medicina.
El título de su discurso resulta revelador:
No hablaba simplemente de lesiones cutáneas.
Planteaba la enfermedad como un problema simultáneamente:
médico,
epidemiológico,
asistencial,
docente
y social.
Entre sus propuestas defendió la formación específica de médicos, la creación de estructuras especializadas para la atención de la lepra, colonias regionales y un Instituto de Enseñanza Leprológica. Algunas de sus propuestas reflejan inevitablemente las concepciones sanitarias y sociales de su época y serían hoy inaceptables desde el punto de vista de derechos individuales, pero muestran hasta qué punto entendía que determinadas enfermedades cutáneas exigían también una respuesta organizada de salud pública.
El dermatólogo ya no era únicamente quien reconocía una lesión.
También podía intervenir en:
prevención,
organización sanitaria
y política asistencial.
📚 7. 1936: Elementos de Dermatología
Pocas obras permiten comprender mejor qué representaba científicamente Sánchez-Covisa que el libro que publicó junto con Julio Bejarano Lozano en 1936:
Elementos de Dermatología
Los autores lo dedicaron a la memoria de:
Juan de Azúa.
No era casual.
Azúa nunca había llegado a publicar un tratado general de Dermatología.
Sánchez-Covisa y Bejarano pretendían recoger y continuar sus enseñanzas.
Pero hicieron algo más.
Elementos de Dermatología ha sido considerado:
el primer tratado moderno de Dermatología escrito por autores españoles.
La diferencia con muchos textos anteriores estaba en la organización conceptual.
La Dermatología del siglo XIX había dedicado enormes esfuerzos a clasificar enfermedades según:
morfología,
diátesis,
constituciones
o sistemas nosológicos complejos.
Covisa y Bejarano intentaron organizar muchas de las dermatosis principalmente a partir de:
etiología
y patogenia.
Es decir, la pregunta comenzaba a cambiar.
De:
¿qué aspecto tiene esta enfermedad?
hacia:
¿por qué aparece esta enfermedad?
El libro incorporaba además:
fotografía clínica,
microfotografía histológica,
microbiología,
técnicas diagnósticas
y terapéutica moderna.
Y tenía otra característica particularmente importante.
No era simplemente la traducción o adaptación de un tratado extranjero.
Intentaba representar:
la Dermatología que realmente se practicaba en España.
Seleccionaba enfermedades relevantes en el país e incorporaba trabajos de dermatólogos españoles cuando existían.
Era la señal de que una escuela que durante décadas había aprendido de París, Viena y otras grandes capitales dermatológicas europeas empezaba también a ser capaz de:
escribir su propio tratado.
🧠 8. Formar maestros: el verdadero legado de Sánchez-Covisa
La influencia histórica de Sánchez-Covisa no puede medirse únicamente por aquello que publicó.
Hay que observar a:
sus discípulos.
Entre ellos figuraron:
Julio Bejarano Lozano,
José Gay Prieto,
José Gómez Orbaneja,
Joaquín Soto de Usa,
Emilio Enterría
y Augusto Navarro Martín.
Esta lista explica buena parte de su importancia.
Varios de aquellos médicos se convertirían a su vez en profesores, investigadores y responsables de nuevas generaciones.
Es uno de los fenómenos fundamentales de la historia de la medicina:
un gran maestro multiplica su influencia a través de quienes forma.
Puede representarse mediante una genealogía extraordinariamente clara:
Olavide
↓
Azúa
↓
Sánchez-Covisa
↓
Bejarano · Gay Prieto · Gómez Orbaneja · otros discípulos
↓
Dermatología española de mediados del siglo XX
Sánchez-Covisa ocupa por tanto una posición central en la cadena de transmisión de conocimiento de la escuela madrileña.
No fue simplemente:
un dermatólogo situado entre dos generaciones.
Fue:
el hombre que las conectó.
La Guerra Civil rompería violentamente esa continuidad.
En 1937 pasó temporalmente a la Facultad de Medicina de Barcelona y, tras la guerra, se exilió. Finalmente se instaló en Caracas, donde continuó trabajando en Dermatología y participó en actividades docentes y sanitarias venezolanas.
Incluso desde América continuó imaginando estructuras internacionales para la especialidad.
Durante la década de 1930, Sánchez-Covisa y el argentino Pedro L. Baliña habían planteado ya la posibilidad de reunir a los dermatólogos ibero-latinoamericanos en una organización común.
Aquel proyecto no pudo desarrollarse entonces.
Pero la idea anticipaba la organización que posteriormente cristalizaría en el:
Colegio Ibero-Latinoamericano de Dermatología —CILAD—.
Sánchez-Covisa murió en Caracas el 24 de junio de 1944.
🧠 9. Por qué JOSÉ SÁNCHEZ-COVISA es un gigante
Porque existen dermatólogos importantes por una aportación concreta.
Otros por descubrir una enfermedad.
Otros por escribir un tratado.
Otros por crear una institución.
Sánchez-Covisa representa algo diferente.
Representa:
continuidad.
Recibió la escuela de Azúa cuando todavía era relativamente joven.
Había participado desde 1909 en la creación de:
**la Sociedad Española de Dermatología y Sifiliografía
y Actas Dermo-Sifiliográficas.**
Después sucedió a Azúa en la estructura hospitalaria y universitaria.
Desarrolló investigación clínica.
Estudió grandes problemas de su época como:
sífilis
y lepra.
Publicó con Bejarano el primer gran tratado moderno de Dermatología escrito desde la realidad médica española.
Y formó a varios de los hombres que continuarían la especialidad durante la generación siguiente.
Su legado puede resumirse en cinco palabras:
institución.
clínica.
docencia.
libro.
discípulos.
Pero existe una sexta:
transmisión.
Porque una especialidad no se construye únicamente descubriendo cosas.
También se construye consiguiendo que lo aprendido:
pase de una generación a la siguiente.
🔭 10. Su legado en la Dermatología española
La posición histórica de Sánchez-Covisa resulta especialmente clara cuando se observa la evolución completa de la escuela madrileña.
José Eugenio de Olavide ayudó a establecer la Dermatología como territorio clínico propio.
Juan de Azúa convirtió aquella tradición en una estructura académica e institucional.
José Sánchez-Covisa recibió esa estructura y consiguió transformarla en una escuela capaz de producir nuevos maestros.
Después llegarían:
Bejarano,
Gay Prieto,
Gómez Orbaneja
y las generaciones posteriores.
Existe además una evolución intelectual.
Con Olavide todavía encontramos buena parte del mundo dermatológico del siglo XIX.
Con Azúa se consolida la:
Dermatología anatomoclínica.
Con Sánchez-Covisa aparece cada vez con mayor claridad otra transición:
morfología → etiología → patogenia → experimentación.
Su Elementos de Dermatología representa precisamente ese cambio.
La enfermedad cutánea comenzaba a dejar de ser únicamente algo que debía:
verse
y clasificarse
para convertirse también en algo que debía:
explicarse.
La Guerra Civil y el exilio interrumpieron buena parte de aquella trayectoria.
Pero no pudieron eliminar completamente su influencia.
Porque sus discípulos continuaron trabajando.
La Academia continuó existiendo.
Actas Dermo-Sifiliográficas continuó publicándose.
Y la tradición clínica iniciada varias generaciones antes siguió transmitiéndose.
Sánchez-Covisa nació en 1881 y murió lejos de España en 1944.
Pero ocupa una posición excepcional en la genealogía de nuestra especialidad.
Olavide abrió el camino.
Azúa construyó las instituciones.
Sánchez-Covisa consiguió que una nueva generación pudiera recibirlas.
Por eso es uno de los gigantes sobre los que seguimos caminando.
