Lectura

Palabras, nervios y el superpoder de contar

Estado en los registros: Validación incompletaLa revisión histórica no acredita la validación de la versión actual.Fecha de revisión clínica no registrada en los metadatos
Inicio del contenido clínico

Lecturas clínicas · DermRX · Storyworthy: Engage, Teach, Persuade, and Change Your Life through the Power of Storytelling (2018)

Síntesis propia en español de la obra (2018); no es una traducción del libro ni sustituye su lectura. Las cifras y ejemplos son los que cita el autor. Revisión docente pendiente.

Fuente: capítulos 21 («Words to Say, Words to Avoid»), 22 («Time to Perform (Onstage, in the Boardroom, on a Date, or at the Thanksgiving Table)») y 23 («Why Did You Read This Book? To Become a Superhero!»).

Las palabras que te salvan

En 2007, un grupo anónimo recortó diez años del blog del autor y compuso un dosier de treinta y siete páginas con frases sacadas de contexto para presentarlo como un depravado violento. Una crítica a la ropa infantil con letreros en el trasero quedó reducida a la frase en la que decía que el ojo se le iba hacia ellos; la frase de su director concediéndole todo el tiempo libre que necesitara se presentó como favoritismo, omitiendo que se la dijo el día en que murió su madre. Exigían su despido, el de su mujer y el del director. El distrito lo investigó y no encontró nada reprochable, pero el dosier se envió a más de trescientas familias. Se dio a los padres de sus veintitrés alumnos del curso siguiente la opción de cambiarlos de clase; ninguno lo hizo, y otras veinte familias pidieron plaza. Lo salvaron su reputación y su cuidado con las palabras: nunca había nombrado al distrito ni a sus compañeros, ni usado palabras malsonantes. De ahí sus recomendaciones:

  • Palabrotas. Pocas: cierran puertas (emisoras, colegios, instituciones religiosas, empresas) y suelen ser pereza léxica. Las admite en diálogos citados literalmente, cuando no hay palabra mejor, en momentos de emoción extrema o como remate cómico puntual.
  • Vulgaridad. Hay que cuidar al público. Un narrador que describió con todo detalle cómo se ensució en el sofá blanco de su cita perdió al jurado; le habría bastado hablar de «una situación». La regla: si te daría apuro contarlo delante de tus abuelos, pisa con cuidado.
  • Nombres reales. Cambiarlos es razonable; conviene elegir uno parecido para no olvidarlo. Como maestro, Dicks espera cinco años antes de contar una historia en la que aparezca un alumno, siempre le cambia el nombre y nunca lo deja en mal lugar: son historias sobre sus fracasos como maestro, no sobre los de sus alumnos. Algunas historias no deben contarse porque dañarían relaciones, expondrían el secreto de otro o pondrían en riesgo el trabajo. Él, en cambio, nombra a su padrastro y cuenta los fallos de sus padres; reconoce que es una opción personal y que cada cual debe pesar sus consecuencias.
  • Famosos. Comparar a alguien con un actor deja fuera a quien no lo conoce, mete a la celebridad en la escena y es perezoso; mejor describir a la persona con rasgos propios.
  • Acentos. No imitarlos, salvo los de padres y abuelos; ante la duda, no.

Los nervios

El autor dice haberse puesto nervioso solo dos veces. Una de ellas llegó tras una experiencia inquietante: al contar el atraco que le dejó un estrés postraumático durante dos décadas, ante un gran auditorio, no recordaba nada de lo que dijo; su terapeuta le explicó que contarlo en consulta no le había preparado para hacerlo ante cientos de desconocidos. Antes de volver a contarlo, ya nervioso, Catherine Burns le tranquilizó: podía equivocarse, pero nunca dejaba de hablar, y eso le permitiría encontrar el camino. Otro narrador al que admira, Steve Zimmer, le había dicho que su problema era no estar nervioso, porque así necesitaba una historia excelente cada vez. Los nervios hacen que el público se ponga de parte del narrador. Dicks matiza: cuando se espera autoridad (una ponencia profesional, una venta, una clase a alumnos mayores) conviene transmitir seguridad.

A la hora de actuar

  1. No memorizar. Quien recita y olvida una palabra se queda en blanco. Se memorizan las primeras frases, las últimas y las escenas, que si cada momento tiene un lugar son fáciles de recordar. Su historia del accidente tiene siete: la acera, el coche, el lugar del choque, la ambulancia, urgencias, la sala de espera y el otro lado de urgencias. Siete es su máximo; mejor tres.
  2. Contacto visual con tres personas que sonrían, a la izquierda, a la derecha y en el centro: las zonas cercanas se sienten atendidas.
  3. Controlar la emoción. Recordando un videojuego de carreras con dos vistas, en el momento más emotivo pulsa el «botón B»: pasa de ver la escena con sus ojos a verla desde arriba. También ayuda repetir muchas veces la frase delicada antes de salir.
  4. Usar bien el micrófono. Hay que proyectar la voz igualmente; ajustarlo sin prisas antes de empezar; y aceptarlo siempre, porque en todo auditorio hay alguien con problemas de audición que no lo dirá.

El superpoder

El cierre parte de una idea que el autor atribuye al cineasta Kevin Smith: quien habla ante un grupo tiene la obligación de entretener. Una reunión de una hora con veinte personas consume veinte horas; no se puede malgastar leyendo diapositivas. Además, cuando se entretiene se aprende mejor. A los estudiantes en prácticas les pregunta cuál es el gancho de su lección, porque una parte de la clase, a menudo la que más lo necesita, solo aprende si tiene un motivo para escuchar, y una historia es el mejor. Cuenta también que el director de una empresa de ingeniería brasileña le dijo que prefería ingenieros mediocres que supieran comunicar a ingenieros brillantes que no.

La prueba más llamativa: cuatro mujeres se le acercaron tras distintas actuaciones para contarle un aborto espontáneo que no habían confiado a nadie. Elysha se lo explicó: al contar con sinceridad un momento difícil, se había vuelto alguien seguro con quien hablar. Lo mismo le ocurre en clase: tras contar que vivió en la calle, una alumna le cuenta que pasó el verano durmiendo en un coche con su madre.

Para llevarse a la sesión clínica

Estas notas son lectura de DermRX, no afirmaciones de el autor.

  • Adapte la regla del autor con sus alumnos a los pacientes: deje pasar tiempo, cambie todo dato identificativo no clínico, no presente nunca al paciente bajo una luz negativa y haga que el relato trate de su aprendizaje. Para las imágenes, respete el consentimiento para uso docente y la normativa de protección de datos.
  • Algunos casos no deben contarse aunque sean buenos: si el paciente podría reconocerse o ser reconocido por el auditorio (un pueblo pequeño, un caso que salió en prensa), el relato no compensa el riesgo.
  • Prepare la charla como el autor: primera frase, última frase y un máximo de siete escenas o bloques, cada uno con su lugar. Si se le olvida una diapositiva, sigue sabiendo dónde está.
  • Cuente en la sesión algún error propio con honestidad: a menudo es lo que permite que los residentes se atrevan a compartir los suyos, que es el primer paso de cualquier cultura de seguridad.

Fuente y alcance editorial

Dicks M. Storyworthy: Engage, Teach, Persuade, and Change Your Life through the Power of Storytelling. Novato (California): New World Library; 2018. ISBN 978-1-60868-548-6. Capítulos 21 («Words to Say, Words to Avoid»), 22 («Time to Perform (Onstage, in the Boardroom, on a Date, or at the Thanksgiving Table)») y 23 («Why Did You Read This Book? To Become a Superhero!»). Fuente: texto de la obra aportado para esta lectura. Síntesis en español elaborada para DermRX; no es una traducción ni sustituye la lectura del libro. Revisión docente individual pendiente. Lectura preparada el 14 de octubre de 2026.

DermRX · Revisión técnica por muestreo: · Alcance y estados editoriales. No equivale a una revisión clínica global.