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La huella de lo que decimos y las herramientas para repararla

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Lecturas clínicas · DermRX · The Art of Communicating (2013)

Síntesis propia en español de la obra (2013); no es una traducción del libro ni sustituye su lectura. Las cifras y ejemplos son los que cita el autor. Revisión docente pendiente.

Fuente: capítulos 8 («Nuestra comunicación es nuestra continuación») y 9 («Prácticas para una comunicación compasiva»).

Pensamiento, palabra y gesto

El octavo capítulo amplía la idea de comunicación más allá de las palabras: el gesto, la expresión, el tono de voz, las acciones e incluso los pensamientos también comunican. Del mismo modo que un naranjo da hojas, flores y frutos, una persona produce pensamientos, palabras y actos, y ninguno es neutral: cada uno añade armonía o sufrimiento. El autor lo enlaza con el concepto budista de karma, que entiende como acción en tres planos.

  • Pensamiento. Es ya una acción: un pensamiento de odio daña el cuerpo y la mente de quien lo produce y puede empujar a herir a otros; uno de comprensión o perdón tiene, según el autor, un efecto reparador inmediato en uno mismo y en su entorno.
  • Palabra. Hablar o escribir con compasión beneficia primero a quien lo hace, antes incluso de que el mensaje llegue. Y la ira afecta también a quien no es su destinatario, como al niño que oye discutir a sus padres.
  • Acción corporal. Desde un puño apretado o unos brazos abiertos hasta lo que elegimos hacer a diario y el trato que damos a otros.

Todo lleva nuestra firma

De ahí una ética de la responsabilidad: cuanto pensamos, decimos y hacemos lleva nuestra firma, y si ayer dijimos algo inadecuado, hoy nos toca transformarlo. El autor se apoya en una conocida idea de Jean-Paul Sartre: el ser humano es la suma de sus actos. Su imagen central es la nube que se convierte en lluvia y sigue presente en la cosecha y en el río cuando ya no flota en el cielo; nuestras palabras y actos siguen actuando cuando nosotros ya no estamos, como depósitos en una cuenta que no se pierden. El marco es doctrinal, pero admite una lectura laica: lo que decimos sigue operando en los demás mucho después de dicho.

Reparar lo que parecía irreparable

Muchos cargan con la culpa de algo dicho a alguien que ya ha muerto. El autor pone el ejemplo de una abuela: propone sentarse, respirar y dirigirse a ella como presente en uno mismo, pedirle perdón y comprometerse a no repetir aquello con nadie. La comunicación, sostiene, no es estática: un pensamiento compasivo de hoy puede alcanzar y neutralizar uno hostil de ayer. Así se sana el pasado y se prepara el futuro.

Un repertorio de prácticas

El último capítulo reúne herramientas concretas, algunas pensadas para uno mismo y otras para la pareja, la familia o el trabajo.

PrácticaEn qué consiste
Campana del ordenadorUn aviso programado, por ejemplo cada cuarto de hora, para parar, hacer tres respiraciones, soltar tensión y seguir.
Té con atenciónBeber el té sin hacer ni pensar en otra cosa, como forma de volver al presente.
El niño interiorDedicar cada día unos minutos a escuchar y consolar la parte herida de uno mismo, que el autor relaciona también con heridas heredadas.
CartaEscribir durante un par de horas una carta afectuosa a alguien con quien hay dificultades, incluso si ha muerto; enviarla o no se decide después, pero quien la termina ya no es quien la empezó.
Tarta en la neveraUna salida pactada de una discusión que sube de tono: alguien recuerda que hay una tarta en la nevera, lo que significa «dejemos de hacernos daño», y el enfadado se retira a preparar té y algo de comer mientras ambos se calman.
Abrazo conscienteInclinarse, respirar, imaginar dónde estarán ambos dentro de trescientos años y abrazarse durante tres respiraciones completas.

Tratado de paz y nota de paz

El tratado de paz es un acuerdo preventivo que se firma antes del conflicto y reparte compromisos. Quien está enfadado se obliga a no decir ni hacer nada que agrave la situación, a no reprimir su enfado, a comunicarlo serenamente antes de que pase un día, de palabra o con una nota, y a proponer una cita unos días después —el ejemplo es el viernes por la noche— para tratarlo a fondo. Se compromete además a no negar que está enfadado, a examinar su propia torpeza y sus hábitos, a reconocer que su predisposición a la ira es la causa principal y el sufrimiento del otro solo la secundaria, a disculparse en cuanto vea su error sin esperar a la cita y a aplazarla si no está sereno. Quien ha provocado el enfado se compromete a respetar los sentimientos del otro sin ridiculizarlos, a no forzar una discusión inmediata, a confirmar la cita, a revisar sus propias reacciones y a disculparse en cuanto vea su error, sin justificarse. La nota de paz es la versión breve: fecha, qué se dijo o hizo, que ha dolido y una propuesta para examinarlo juntos con calma. El autor la presenta como alternativa al papel de la cuarta frase que llevamos en la cartera. Que uno examine el origen del dolor está bien; que lo hagan los dos, y juntos, mejor.

Empezar de nuevo

Es una práctica en tres partes que el autor propone hacer semanalmente en la familia o en el trabajo para que el malestar no se acumule. Primero, regar las flores: por turnos, cada persona expresa aprecio sincero —no adulación— por las cualidades de los demás, sosteniendo un jarrón u otro objeto mientras habla, sin que nadie la interrumpa. Segundo, expresar arrepentimiento por lo que uno haya hecho para herir a otros durante la semana. Tercero, expresar las heridas recibidas, con franqueza y sin culpar, mientras los demás escuchan sin replicar; si alguien ha entendido mal algo, se le aclara pasados unos días, a solas y sin tensión. Puede terminar con un silencio. Para quien empieza, recomienda dedicar casi todo el tiempo a la primera parte y no saltársela nunca: cuando se reconocen de verdad las cualidades ajenas, cuesta mucho seguir aferrado al resentimiento.

Para llevarse a la consulta

Estas notas son lectura de DermRX, no afirmaciones de el autor.

  • Lo que escribes en la historia clínica también lleva tu firma: el paciente puede leerla y otros compañeros la heredarán. Describe conductas concretas y evita etiquetas como «paciente difícil» o «demandante».
  • Regar las flores cabe en la reunión semanal del servicio: dos o tres reconocimientos concretos —quién resolvió aquel ingreso complicado, quién cubrió la consulta— antes de abordar los problemas cambian el clima de la discusión.
  • Programa en el ordenador de la consulta un aviso discreto cada hora, o entre bloques de pacientes, para hacer tres respiraciones; es la campana del libro adaptada a una agenda real.
  • Para un error clínico propio o la muerte de un paciente que todavía pesan, la carta que no se envía puede ayudar a cerrar; si el malestar persiste, conviene buscar apoyo profesional o recurrir a los programas de apoyo a profesionales.

Fuente y alcance editorial

Nhat Hanh T. The Art of Communicating. 1.ª ed. Nueva York: HarperOne; 2013. ISBN 978-0-06-222467-5. Texto consultado: traducción española (El arte de comunicarse), basada en la edición electrónica original de junio de 2013 (ISBN 978-0-06-222468-2). Capítulos 8 («Nuestra comunicación es nuestra continuación») y 9 («Prácticas para una comunicación compasiva»). Fuente: texto de la obra aportado para esta lectura. Síntesis en español elaborada para DermRX; no es una traducción ni sustituye la lectura del libro. Revisión docente individual pendiente. Lectura preparada el 14 de octubre de 2026.

DermRX · Revisión técnica por muestreo: · Alcance y estados editoriales. No equivale a una revisión clínica global.