Lecturas clínicas · DermRX · The Art of Communicating (2013)
Síntesis propia en español de la obra (2013); no es una traducción del libro ni sustituye su lectura. Las cifras y ejemplos son los que cita el autor. Revisión docente pendiente.
Fuente: capítulo 5 («Cuando surgen dificultades»).
La ira tiene prisa
El quinto capítulo aborda el terreno más difícil: las relaciones en las que parece que ya se ha intentado todo, en el trabajo o en la familia. El primer error, según el autor, es intentar comunicarse en pleno enfado. La ira es urgente y quiere que el otro sepa enseguida cuál es su problema, pero quien está enfadado no está lúcido y suele agravar la situación.
Su propuesta no es reprimirla, sino tratarla con delicadeza, porque la ira forma parte de uno y maltratarla es maltratarse. La atención la envuelve como el fuego bajo una olla de patatas: hay que mantenerlo un buen rato —habla de quince o veinte minutos— porque la ira también tarda en «cocerse». Una vez calmada, puede examinarse su raíz, que a menudo es una percepción errónea o una manera habitual de reaccionar que no responde a nuestros valores.
El autor discrepa de la idea, que atribuye a la psicoterapia popular, de descargar la ira gritando o golpeando una almohada. Dice no haberla encontrado útil: es como abrir las ventanas cuando una estufa de leña echa humo, que alivia sin reparar el defecto. A su juicio, ensayar la ira la refuerza. Es su experiencia, no una revisión de estudios. Añade otra imagen: el enfadado se parece a quien, con la casa en llamas, sale a perseguir al pirómano en lugar de apagar el fuego. Solo después, ya calmado, recomienda comunicar al otro que uno sufre y pedirle ayuda —la cuarta frase del capítulo anterior—, de modo que vea el sufrimiento que hay bajo el enfado.
Reabrir una relación rota
Las rupturas duelen más con quienes más nos importan, y tendemos a taparlas hasta creerlas irreparables. El autor invita a mirar al otro de otra manera: quien hace daño suele ser alguien que no sabe manejar su propio sufrimiento y lo desborda sobre los demás. No necesita castigo, sino ayuda. El primer paso es reconocer que existe una dificultad, en vez de fingir que todo va bien.
Ofrece un guion orientativo, que aquí se resume: reconocer que el otro no está bien; admitir que, por no haber entendido sus sentimientos ni los propios, uno reaccionó de un modo que empeoró las cosas; aclarar que no hubo intención de hacer daño; expresar el deseo de entender ahora sus dificultades; y pedirle que ayude a comprenderlas. Insiste en que son solo ejemplos y en que las palabras deben ser propias; cuando hay comprensión, salen con naturalidad. Recurre de nuevo a la medicina: sin entender qué le pasa al enfermo, el médico no puede tratarlo. Y desaconseja esperar a que el otro dé el primer paso. En sus retiros de una semana fija un plazo: la última noche para iniciar la reconciliación.
La sombra en la pared
Una historia tradicional vietnamita condensa el coste de no preguntar. Un soldado vuelve de la guerra tras tres años y conoce a su hijo pequeño. Mientras la madre va al mercado, el niño le dice que él no es su padre: su padre es otro hombre que viene cada noche, se sienta cuando ella se sienta y se acuesta cuando ella se acuesta. El marido se encierra en un silencio hostil y pasa las noches bebiendo fuera de casa; la mujer, que no entiende nada y tampoco pregunta, acaba ahogándose en el río. Tras el entierro, a la luz de una lámpara, el niño señala la sombra del hombre en la pared: la madre, para consolarlo, le había dicho que aquella sombra era su padre. La percepción errónea se deshizo demasiado tarde. Habría bastado con que cualquiera de los dos, venciendo el orgullo, pidiera ayuda al otro. De ahí la pregunta que el autor propone hacerse ante cada percepción: ¿estoy seguro? Y para estarlo, hay que preguntar.
Familia y relaciones largas
- Herencia de hábitos. Las familias comparten modos de sufrir y de reaccionar. Juramos no repetir a nuestros padres y acabamos haciéndolo; reconocer esa «energía del hábito» cada vez que aparece la debilita y permite cortar la transmisión a los hijos.
- No exigir que el otro cambie. En un retiro en Oldenburg, en el norte de Alemania, el autor pidió a los asistentes que, antes de la medianoche, dieran el primer paso hacia alguien con quien estuvieran enfrentados. Un hombre enfrentado desde hacía años con su padre lo llamó dudando de poder hablarle con calma; al oír su voz, le habló con cariño sin esfuerzo, y el padre le contó por primera vez sus dificultades.
- Pareja. Corregir en caliente convierte a dos personas en dos bloques de sufrimiento que chocan. Mejor esperar a estar sereno, invitar a hablar, pedir perdón por no haber entendido y escuchar sin interrumpir aunque se oigan errores; la percepción equivocada se aclara días después, con habilidad.
- Un límite explícito. Si hay violencia o abuso, lo primero es estar a salvo. Fuera de esa situación, el autor advierte que separarse no acaba con el sufrimiento cuando hay hijos u otros lazos, y que la cuestión de fondo es si se intenta comprender al otro, sea cual sea el desenlace.
De la pareja a los pueblos
El autor aplica el mismo método a conflictos colectivos. En Plum Village ha acogido grupos de israelíes y palestinos: la primera semana se dedica solo a que cada cual practique consigo mismo; en la segunda, un grupo cuenta su sufrimiento sin culpar y el otro escucha sin interrumpir ni corregir. Muchos reconocen por primera vez en el otro bando a seres humanos que han sufrido como ellos. La presencia serena de monjes y laicos ajenos al conflicto sostiene el proceso. Propone algo parecido para las negociaciones de paz —calmarse antes de negociar y detenerse a respirar cuando la tensión sube— y cuenta que, tras dirigirse a congresistas en Washington, algunos siguen practicando la marcha consciente en el Capitolio, un ejemplo propio de EE. UU.
Para llevarse a la consulta
Estas notas son lectura de DermRX, no afirmaciones de el autor.
- Ante una reclamación airada —la lista de espera, un efecto adverso, una biopsia que tardó— atiende primero a tu propia activación. La respuesta escrita a una queja no se redacta en caliente: déjala reposar y reléela antes de enviarla.
- Para mediar en un conflicto del servicio, por ejemplo entre enfermería y facultativos, separa las fases: primero cada parte cuenta su versión sin que nadie corrija; los hechos se aclaran después.
- Antes de concluir que un paciente «no cumple» o que un compañero te ignora, pregunta. La historia de la sombra en la pared recuerda lo que cuesta actuar sobre una percepción no comprobada.
- La escucha compasiva no obliga a tolerar agresiones: ante la violencia en consulta prevalecen la seguridad y los protocolos del centro; la conversación reparadora, si procede, llega después.
Fuente y alcance editorial
Nhat Hanh T. The Art of Communicating. 1.ª ed. Nueva York: HarperOne; 2013. ISBN 978-0-06-222467-5. Texto consultado: traducción española (El arte de comunicarse), basada en la edición electrónica original de junio de 2013 (ISBN 978-0-06-222468-2). Capítulo 5 («Cuando surgen dificultades»). Fuente: texto de la obra aportado para esta lectura. Síntesis en español elaborada para DermRX; no es una traducción ni sustituye la lectura del libro. Revisión docente individual pendiente. Lectura preparada el 14 de octubre de 2026.
